Batlle y Ordoñez

Nació en Montevideo el 21 de mayo de 1856 era hijo de Lorenzo Batlle, quien había sido presidente entre 1868 y 1872. Se caso con Matilde Pacheco y Oves, perteneciente también a una tradicional familia colorada, y tuvo con ella cuatro hijos. En 1886 fundo el diario El Día que fue vocero de su pensamiento y su accionar.

En esos mismos anos, se enfrento a la dictadura del general Máximo Santos. Fue presidente del Uruguay en dos periodos, 1903-1907 y 1911-1915. Durante la primera presidencia venció al caudillo Bianco Aparicio Saravia. Batlle conto con el apoyo de un ejercito profesional y, además de armamento moderno, utilizo el telégrafo y el ferrocarril contra la revolución arabista, hecho que determino su victoria y el final de las guerras civiles del siglo XIX.



Promovió leyes sociales para mejorar la situación obrera y tuvo el apoyo de socialistas y anarquistas. Se enfrento al capital británico, que dominaba los servicios públicos del país, a los estancieros latifundistas y a los sectores católicos conservadores.



Apoyo la creación de leyes de divorcio y de sufragio femenino. Brindo ayuda a los inmigrantes que llegaban en gran numero en esos anos y sonó con un país de medianos propietarios dedicados a la agricultura.

Impulso la reforma de la Constitución de 1830, la que lo llevo a la presidencia en ambas oportunidades, logrando que se sancionara una nueva Constitución en 1917 que establecía un régimen de gobierno colegiado. Sus ideas trascendieron su gobierno y dieron lugar a la formación de una tendencia dentro del Partido Colorado, que aun hoy lleva su nombre el balsismo. Murió en Montevideo el 20 de octubre de 1929.

Clasicistas contra románticos

Los hechos históricos incidieron en el cambio de la cultura criolla y propiciaron el escenario adecuado para la aparición de una corriente de pensamiento idealista. La Guerra Grande (1843-1851), que dividió al país en dos gobiernos (el del Cerrito y el de la Defensa), constituyo el marco político perfecto para que se expresara con ímpetu el espíritu romántico.



La Restauración de Oribe sostuvo desde el Cerrito un orden de cuno hispánico y tradicional, basado en el respeto a las leyes y a la Iglesia, y tuvo como figura mas ilustre al doctor Carlos Villademoros (1806-1853), abogado, periodista y escritor que poseía una solida cultura.

El joven Villademoros, adherido a la tradición estética y a los valores del clasicismo español, fue una de las excepciones dentro de un mundo intelectual que, en su mayoría, se entrego al romanticismo, a la «civilización» y al gobierno de la Defensa. Entre sus composiciones literarias, recogidas en el Parnaso Oriental de Luciano Lira, destacan el poema dramático Los Treinta y Tres y Oda a Oribe.

Otro partidario del gobierno del Cerrito fue el ensayista y poeta Bernardo Prudencio Berro (1803-1868), clasicista de gran rigor estilístico y buen conocedor de los autores latinos, que escribió la Oda a la Providencia y La epístola a Oricio.



Debido a los avatares políticos argentinos, antes de que se iniciara la Guerra Grande Montevideo se había convertido en el centro de las letras platenses. Los intelectuales argentinos que chufan del gobierno autocrático de Juan Manuel de Rosas se refugiaron en la capital entre 1838 y 1840, insuflándole un aire romántico y guerrero.

En su mayor parte pertenecían a la Asociación de Mayo, la nueva generación porteña opuesta a los clasicistas como Juan Cruz Varela y su hermano Florencio. Fue en este periodo cuando los doctores comenzaron a sustituir a los caudillos, al tiempo que la intelectualidad de los salones difundía la formula «civilización contra barbarie», creada por el argentino Domingo Faustino Sarmiento.

La barbarie representada por el gauchaje y la campana debía ser vencida por el avance de la ciudad, que no vacilaba en aplicar los métodos más crueles. Contiendas con degüellos y exhibición de cabezas en lo alto de una pica eran el acompañamiento sangriento de la batalla pueril entre clasicistas y románticos, que los intelectuales del otro lado del Plata libraron dentro de las murallas de Montevideo.



En la capital uruguaya, que estuvo gobernada durante la Guerra Grande por la Defensa, todos los autores literarios eran políticos, periodistas o doctores. Los uruguayos Juan Carlos Gomez, Alejandro Magaririos Cervantes, Santiago Vázquez, Andrés Lamas y Adolfo Berro fueron las plumas más destacadas, junto a los argentinos Juan María Gutiérrez, Juan Bautista Alberdi, Miguel Cané, Esteban Echeverría, José Mármol, Luis Domínguez y Bartolomé Mitre, unitarios que habían arribado a las costas orientales huyendo del despotismo de Rosas.

El crítico Alberto Zum Fede afirma que la mayoría de ellos, «mas que escritores parecen personajes para un escritor». En efecto, esta idea aparece ejemplificada por José Mármol (quien lanzo iracundos versos contra la tiranía de Rosas, por causa de quien vivió proscripto y entristecido), Esteban Echeverría (que se exilio en Montevideo en 1840 y alii murió al finalizar la guerra) y Juan Carlos Gomez (que, entre muchas aventuras, vivió suspirando por el amor perdido de Elisa Maturana, quien, casada con su enemigo Carlos Villademoros, murió repentinamente de un colapso nervioso).

Juan Antonio Lavalleja

Nació en Minas en 1784, en una familia de ganaderos acomodados, y trabajo en el campo junto a su padre has-tal que, en 1811, se unió al movimiento liderado por Artigas, destacándose en la batalla de Las Piedras. Una vez expulsados los españoles, continuo bajo las ordenes de Artigas y, en 1816, lucho valerosamente contra los invasores Portugueses, que le mantuvieron prisionero durante tres años.

Las autoridades brasileñas le ofrecieron la libertad y el cargo de coronel, que el rechazo pues no quiso traicionar su causa. Cuando el territorio uruguayo fue anexionado por Brasil, se traslado a Buenos Aires, donde continúo luchando por la independencia de la Provincia Oriental.



En abril de 1825 desembarco en la playa de la Agraciada junto a un grupo de compañeros con los que comenzó la campana emancipadora, hecho que paso a la historia como la «Cruzada de los Treinta y Tres Orientales». El éxito de su iniciativa redundo en que cuatro meses más tarde los ejércitos patriotas expulsaron a los invasores brasileños. Instalado el gobierno provisional en junio del mismo ano, Lavalleja fue elegido gobernador y capitán general de la provincia.



En agosto se declare la independencia de la Provincia Oriental respecto de Brasil y su incorporación a las Provincias Unidas del Rio de la Plata. En 1830 se desempeño como presidente provisional.

Líder de los blancos durante la guerra civil de 1832-34, lucho contra las fuerzas del presidente Rivera pero fue derrotado y tuvo que refugiarse en Brasil. En 1838 invadió el Uruguay junto a las tropas de Oribe, pero al ser vencido por los colorados en Palmar, marcho a Buenos Aires. Al final de de su vida fue miembro junto con Rivera y Flores del efímero triunvirato que gobernó el Uruguay en 1853. Murió en Montevideo el 22 de octubre de ese ano.

Andrés Martínez Trueba

Nació en Montevideo en 1884 y realizo estudios de química en la Universidad de la Republica Oriental del Uruguay. En 1903 ingreso a la actividad política como militante del Partido Colorado. Anos más tarde, convertido en colaborador de confianza del presidente José Batlle y Ordoñez, fueron elegido diputado. Durante la década de 1920 fue miembro del Consejo Nacional de Administración. Fue intendente de Montevideo a comienzos de la década de 1940.

Vencedor en las elecciones presidenciales de 1950, asumió el cargo el 1 de marzo del ano siguiente. Contrariamente a la generalizada opinión de que seria Luis Batlle Berres quien manejaría los hilos del poder, Martínez Trueba apareció en la escena política con criterios independientes. Propicio la reforma constitucional que estableció un Poder Ejecutivo colegiado, integrado por nueve miembros. Además de implantar el colegiado a nivel del Poder Ejecutivo, la reforma también colegiaba a todos los organismos autónomos, los servicios descentralizados y los organismos administradores de la seguridad social.



Esta trascendental reforma fue posible gracias al renunciamiento personal de Martínez Trueba, quien fue consagrado presidente del Consejo Nacional de Gobierno por todo el periodo. Se mano-tuvo al frente de esta institución entre el 1 de marzo de 1952 y el 1 de marzo de 1954, cuando entrego el mando a Luis Balde Berres. Murió en Montevideo el 19 de diciembre de 1959.

La Iglesia católica

El Uruguay fue colonizado por los españoles, por lo cual la religión predominante y exclusiva durante la época de la Colonia fue la católica. Junto a la importante labor misionera desarrollada por franciscanos y jesuitas en el norte del país, formando comunidades de guaranaes, la Iglesia católica cumplió una destacada función a la hora de impartir enseñanza o atender enfermos.

Durante la revolución independentista algunos sacerdotes con formación intelectual, como Dámaso Antonio Larrañaga, José Benito Lamas o Manuel Pérez Castellano, acompañaron al ejercito artigüista. En 1870, bajo el gobierno del general Lorenzo Latorre, la Iglesia católica uruguaya adquirió categoría de episcopado. Desde la segunda mitad del siglo XIX se produjo un intenso proceso de secularización, en el que colaboraron grupos masónicos llegados de Europa e imbuidos de un fuerte anticlericalismo.



Los jalones mas importante de este largo proceso fueron: la secularización de los cementerios (1861), la reforma escolar que consagro la laicidad de la enseñanza publica (1876), la creación del Registro Civil y la obligatoriedad de inscribir los nacimientos antes del bautismo (1879), la obligatoriedad del matrimonio civil previo al religioso (1885), la supresión de las imágenes religiosas en los hospitales (1905), la ley de divorcio (1910) y la separación de la Iglesia y el Estado (1917).


En 1885 se había fundado el Circulo Católico de Obreros. En 1911 nació el partido político Unión Cívica y en 1935 la Acción Católica, que se proponga recuperar el credo católico. En este sentido fue decisiva la acción de intelectuales creyentes como Juan Luis Zorrilla de San Martín y Francisco Bauza. La Constitución de 1917 consagro la separación entre la Iglesia y el Estado, pero a partir de ese momento disminuyo el anticlericalismo que había caracterizado a la sociedad uruguaya en la segunda mitad del siglo XIX.

Historia constitucional: de 1830 a 1996

Desde el nacimiento del Estado uruguayo, el marco constitucional ha sufrido sucesivas modificaciones que se han acompasado con los cambios de régimen político y las coyunturas internacionales.



Concluido el proceso de la Independencia, el 18 de julio de 1830 se procedió a jurar el primer texto constitucional que tuvo la Republica. El mismo se inscribe dentro de las corrientes constitucionalistas liberales europeas de comienzos del siglo XIX.

Fructuoso Rivera

Nació el 27 de octubre de 1788 y paso su infancia y juventud en la campaña. En 1811 se unió al ejercito antigüista. Se destaco como caudillo y líder revolucionario y obtuvo un importante triunfo en la batalla de Guayabos (1815). Cuando la invasión luso brasileña se instalo en territorio oriental, y acepto la incorporación al Imperio portugués en 1821.

En 1825, luego de la Cruzada Libertadora liderada por el general Juan Antonio Lavalleja, se encontró con este en el arroyo Monzón donde pactaron continuar la lucha juntos. Ese mismo ano obtuvo importantes triunfos contra los portugueses en las batallas de Rincón y Sarandi.


Una vez organizado el Uruguay en forma independiente, fue nombrado primer presidente constitucional (1830-1834). Durante su gobierno se produjeron levantamientos en su contra liderados por el general Lavalleja. Fue también durante su presidencia cuando se exterminaron los últimos grupos de charruas en la batalla de Salsipuedes, a cuyo frente estuvo su sobrino, Bernabe Rivera. Le sucedio en la presidencia el general Manuel Oribe y esta vez fue Rivera quien se levanto contra el gobierno.

En una de estas batallas, la de Carpintería (1836), nacieron las divisas blanca y colorada. Las guerras civiles se prolongaron en los anos siguientes y Rivera fue el caudillo que represento a la facción colorada, aliado a los unitarios argentinos y a los revolucionarios rio grandenses. Se refugio mas de una vez en suelo brasileño especialmente durante la Guerra Grande (1839-1852). En 1854 fue nombrado para integrar un triunvirato junto a Lavalleja y al general Venancio Flores, pero murió antes de llegar a la capital, el 13 de enero.