Juan Antonio Lavalleja

Nació en Minas en 1784, en una familia de ganaderos acomodados, y trabajo en el campo junto a su padre has-tal que, en 1811, se unió al movimiento liderado por Artigas, destacándose en la batalla de Las Piedras. Una vez expulsados los españoles, continuo bajo las ordenes de Artigas y, en 1816, lucho valerosamente contra los invasores Portugueses, que le mantuvieron prisionero durante tres años.

Las autoridades brasileñas le ofrecieron la libertad y el cargo de coronel, que el rechazo pues no quiso traicionar su causa. Cuando el territorio uruguayo fue anexionado por Brasil, se traslado a Buenos Aires, donde continúo luchando por la independencia de la Provincia Oriental.



En abril de 1825 desembarco en la playa de la Agraciada junto a un grupo de compañeros con los que comenzó la campana emancipadora, hecho que paso a la historia como la «Cruzada de los Treinta y Tres Orientales». El éxito de su iniciativa redundo en que cuatro meses más tarde los ejércitos patriotas expulsaron a los invasores brasileños. Instalado el gobierno provisional en junio del mismo ano, Lavalleja fue elegido gobernador y capitán general de la provincia.



En agosto se declare la independencia de la Provincia Oriental respecto de Brasil y su incorporación a las Provincias Unidas del Rio de la Plata. En 1830 se desempeño como presidente provisional.

Líder de los blancos durante la guerra civil de 1832-34, lucho contra las fuerzas del presidente Rivera pero fue derrotado y tuvo que refugiarse en Brasil. En 1838 invadió el Uruguay junto a las tropas de Oribe, pero al ser vencido por los colorados en Palmar, marcho a Buenos Aires. Al final de de su vida fue miembro junto con Rivera y Flores del efímero triunvirato que gobernó el Uruguay en 1853. Murió en Montevideo el 22 de octubre de ese ano.

Andrés Martínez Trueba

Nació en Montevideo en 1884 y realizo estudios de química en la Universidad de la Republica Oriental del Uruguay. En 1903 ingreso a la actividad política como militante del Partido Colorado. Anos más tarde, convertido en colaborador de confianza del presidente José Batlle y Ordoñez, fueron elegido diputado. Durante la década de 1920 fue miembro del Consejo Nacional de Administración. Fue intendente de Montevideo a comienzos de la década de 1940.

Vencedor en las elecciones presidenciales de 1950, asumió el cargo el 1 de marzo del ano siguiente. Contrariamente a la generalizada opinión de que seria Luis Batlle Berres quien manejaría los hilos del poder, Martínez Trueba apareció en la escena política con criterios independientes. Propicio la reforma constitucional que estableció un Poder Ejecutivo colegiado, integrado por nueve miembros. Además de implantar el colegiado a nivel del Poder Ejecutivo, la reforma también colegiaba a todos los organismos autónomos, los servicios descentralizados y los organismos administradores de la seguridad social.



Esta trascendental reforma fue posible gracias al renunciamiento personal de Martínez Trueba, quien fue consagrado presidente del Consejo Nacional de Gobierno por todo el periodo. Se mano-tuvo al frente de esta institución entre el 1 de marzo de 1952 y el 1 de marzo de 1954, cuando entrego el mando a Luis Balde Berres. Murió en Montevideo el 19 de diciembre de 1959.

La Iglesia católica

El Uruguay fue colonizado por los españoles, por lo cual la religión predominante y exclusiva durante la época de la Colonia fue la católica. Junto a la importante labor misionera desarrollada por franciscanos y jesuitas en el norte del país, formando comunidades de guaranaes, la Iglesia católica cumplió una destacada función a la hora de impartir enseñanza o atender enfermos.

Durante la revolución independentista algunos sacerdotes con formación intelectual, como Dámaso Antonio Larrañaga, José Benito Lamas o Manuel Pérez Castellano, acompañaron al ejercito artigüista. En 1870, bajo el gobierno del general Lorenzo Latorre, la Iglesia católica uruguaya adquirió categoría de episcopado. Desde la segunda mitad del siglo XIX se produjo un intenso proceso de secularización, en el que colaboraron grupos masónicos llegados de Europa e imbuidos de un fuerte anticlericalismo.



Los jalones mas importante de este largo proceso fueron: la secularización de los cementerios (1861), la reforma escolar que consagro la laicidad de la enseñanza publica (1876), la creación del Registro Civil y la obligatoriedad de inscribir los nacimientos antes del bautismo (1879), la obligatoriedad del matrimonio civil previo al religioso (1885), la supresión de las imágenes religiosas en los hospitales (1905), la ley de divorcio (1910) y la separación de la Iglesia y el Estado (1917).


En 1885 se había fundado el Circulo Católico de Obreros. En 1911 nació el partido político Unión Cívica y en 1935 la Acción Católica, que se proponga recuperar el credo católico. En este sentido fue decisiva la acción de intelectuales creyentes como Juan Luis Zorrilla de San Martín y Francisco Bauza. La Constitución de 1917 consagro la separación entre la Iglesia y el Estado, pero a partir de ese momento disminuyo el anticlericalismo que había caracterizado a la sociedad uruguaya en la segunda mitad del siglo XIX.

Historia constitucional: de 1830 a 1996

Desde el nacimiento del Estado uruguayo, el marco constitucional ha sufrido sucesivas modificaciones que se han acompasado con los cambios de régimen político y las coyunturas internacionales.



Concluido el proceso de la Independencia, el 18 de julio de 1830 se procedió a jurar el primer texto constitucional que tuvo la Republica. El mismo se inscribe dentro de las corrientes constitucionalistas liberales europeas de comienzos del siglo XIX.

Fructuoso Rivera

Nació el 27 de octubre de 1788 y paso su infancia y juventud en la campaña. En 1811 se unió al ejercito antigüista. Se destaco como caudillo y líder revolucionario y obtuvo un importante triunfo en la batalla de Guayabos (1815). Cuando la invasión luso brasileña se instalo en territorio oriental, y acepto la incorporación al Imperio portugués en 1821.

En 1825, luego de la Cruzada Libertadora liderada por el general Juan Antonio Lavalleja, se encontró con este en el arroyo Monzón donde pactaron continuar la lucha juntos. Ese mismo ano obtuvo importantes triunfos contra los portugueses en las batallas de Rincón y Sarandi.


Una vez organizado el Uruguay en forma independiente, fue nombrado primer presidente constitucional (1830-1834). Durante su gobierno se produjeron levantamientos en su contra liderados por el general Lavalleja. Fue también durante su presidencia cuando se exterminaron los últimos grupos de charruas en la batalla de Salsipuedes, a cuyo frente estuvo su sobrino, Bernabe Rivera. Le sucedio en la presidencia el general Manuel Oribe y esta vez fue Rivera quien se levanto contra el gobierno.

En una de estas batallas, la de Carpintería (1836), nacieron las divisas blanca y colorada. Las guerras civiles se prolongaron en los anos siguientes y Rivera fue el caudillo que represento a la facción colorada, aliado a los unitarios argentinos y a los revolucionarios rio grandenses. Se refugio mas de una vez en suelo brasileño especialmente durante la Guerra Grande (1839-1852). En 1854 fue nombrado para integrar un triunvirato junto a Lavalleja y al general Venancio Flores, pero murió antes de llegar a la capital, el 13 de enero.

Los orígenes coloniales

Durante el siglo que siguió a la fundación de Montevideo (1724-1730), la Banda Oriental fue una tierra salvaje. En el Rio de la Plata no se dio el esplendor cultural de los primeros virreinatos, ya que no hubo civilizaciones indígenas, ni minas de plata y oro que atrajeran a los conquistadores ávidos de fortuna, por lo que la región fue tardíamente poblada por una segunda migración española de campesinos y comerciantes.

Esto determino que no se produjese ningún tipo de literatura, de forma que al finalizar el siglo XVIII el único centra cultural existente era un pequeño colegio franciscano. No había vida cortesana ni boato, y las fiestas se dividían entre los saraos del fuerte de Montevideo y más tarde, las representaciones de la Casa de Comedias, mientras que en la calle sonaban los tambores de los esclavos bailando candombe.



Una compañía de actores espaciales, de paso por Montevideo, realizo una representación con tanto éxito que los vecinos decidieron edificar la Casa de Comedias (1793). Sin embargo, no se monto en ella ningún espectáculo hasta 1808, cuando otro grupo de actores espaciales que huían de la invasión napoleónica se afinco en la capital.

Con el tiempo, los pobladores conocieron algunas obras de Shakespeare, Calderón y Moratín, entre otros, y pudieron asistir a I la representación de sainetes I en las noches de fiesta.



La escasa educación primaria y superior con que contaba el país estaba en manos de los franciscanos. De las pocas cátedras que llegaron a abrirse, la de Filosofía funciono hasta que los espaciales expulsaron a su lector (nombre con el que se denominaba a los catedráticos) por trabajar para la causa de la Independencia. Su nombre era fray Benito Lamas, y fue el primer catedrático de cultura superior que tuvo el Uruguay.

Aunque solo circulaban libros de oraciones, existían algunas bibliotecas de rico acerbo, quedando como un pilar de la cultura nacional la que José Manuel Pérez Castellano dono al gobierno artiguita con el fin de que fuera pública. Los primeros escritos de interés datan del siglo XIX y responden a la conmoción desatada por la revolución independentista. La influencia del enciclopedismo francés y de las ideas liberales difundidas durante las invasiones inglesas (1806-1807) impulsaron las letras, llegando a editarse ocho números del semanario bilingüe (en ingles y en español) Estrella del Sur.

La primera imprenta nacional fue conocida popularmente como «La Carlota», y en ella se público, en 1816, la Oración Inaugural de la Biblioteca Pública de Montevideo, discurso de dieciséis paginas pronunciado por el presbítero Dámaso Antonio Larrañaga, que fue el primer impreso literario de un autor nacido en la Banda Oriental.

Las letras en la década de 1920

La muerte del último caudillo blanco, Aparicio Saravia, en 1904, inicio un nuevo periodo de la historia y la cultura bajo la egida fulgurante de José Batlle y Ordoñez, perteneciente al sector liberal del Partido Colorado, que puso fin a la «barbarie» y consolido el «disciplina miento», según los términos acunados por el historiador José Pedro Barran.



Aunque se genero una sociedad crecientemente alfabetizada, democrática y participativa, los historiadores coinciden en que, al no haber promovido Batlle una reforma agraria, el país mantuvo sus características de latifundio, lo que propicio la crisis de la década de 1930 y el golpe de Estado de Gabriel Terra. Mientras, el país estaba estancado en el burocratismo, y ningún afán innovador se respiraba en la literatura.